Desaparecida

martes 21 de octubre de 2008

0 comentarios  

-Hablare directamente- dijo la mujer. -Necesito que encuentre a mi hija-
Henry medito un segundo, saco un cigarrillo, pero no lo encendió solamente lo sostuvo entre sus dedos.
-Su hija a desaparecido. ¿Cuando sucedió?
-Ayer, desde ayer que no se nada- la mujer no parecía estar triste, ni afectada por lo sucedido.
Henry busco algún signo de preocupación en su rostro, pero no había nada. Por algún momento dudo de sus intenciones, pero el inquieto movimiento de sus manos, demostraba la falta de serenidad que no se veía en su rostro.
-¿Y su marido?¿Ha dicho algo al respecto?
-No mi marido se encuentra trabajando en una investigación al otro lado del país, es antropólogo de la Universidad. Si el se enterara de esto no se que sucedería. Por que esto paso en un momento así, en un momento que el se encuentra lejos de casa- A cada palabra la mujer iba perdiendo su serenidad, estaba preocupada y ahora su rostro no lo podía negar.
-¿Habían tenido alguna pelea con su hija?¿O alguna otra razón por la que ella se machara?
-No solo no regreso. Y la policía no ha sido de ninguna ayuda- Cada vez había mas inseguridad en su voz, parecía como si todo este momento hubiera contenido su dolor, y este ahora solo quiere escapar.
-¿Me permitiría una foto de su hija?¿Y si es posible revisar su cuarto?
-Oh, lo siento aquí tiene una foto. Y por el cuarto no hay ningún problema- la mujer ya no pudo contenerse y una lágrima se deslizo por su mejilla.

Observe la foto, pues era una joven hermosa, debe ser igual a su madre de joven, pues el parecido era impresionante. Mire el reverso, Alice Diflorith, su nombre y la fecha de la foto se encontraba hay era una foto reciente. En la fotografía se podía observar a Alice sonreír, tras ella se encontraba una colección de libros, podría presumir que fue tomada en la biblioteca de la casa. La mujer me lo confirmo era el despacho de su marido, le pregunte si podría hechar un vistazo, pero me dijo que su marido lo cierra bajo llave cuando se va de viaje.
Me guió a la habitación de Alice que se encontraba en la segunda planta, la habitacion estaba bastante ordenada, nada parecía fuera de lugar, su ropa estaba ahí así que lo mas probable no se haya escapado, tampoco he oído sobre desapariciones de muchachas así que podemos descartar a los desequilibrados mentales, y la falta de un pedido de rescate desacredita un secuestro, solo no regreso a casa y nadie sabe donde esta. Observe con tranquilidad buscando algún indicio, algo que no corresponda. Todo iba con calma, hasta que se escucho el sonido de algún jarrón impactandose contra el suelo. Pregunte si había alguien mas en la casa, ella negó con la cabeza, me maldige por no haber traído mi arma, así que improvise una con un viejo candelabro que encontré a mano me arme de valor, y baje las escaleras. En la primera planta no había nada, solo un jarrón hecho trizas, llame a mi anfitriona asegurándole que no había peligro, después de registrar la primera planta solo descubrimos que el supuesto despacho estaba abierto y la cerradura no había sido forzado, pregunte si faltaba algo, pero la pobre mujer no sabia. Busque con mas atención solo pude notar que un libro estaba fuera de lugar, es mas había sido retirado hace poco, pregunte si sabia de que libro se trataba, pero lo desconocía. Espera un momento, me dije, la fotografía tiene de fondo esa estantería, eso era el nombre del libro era Durwish. Ya no tenia nada mas que hacer en ese lugar, a mi anfitriona le recomendé que llamara a la policía y que no mencionara mi el hecho de que estuve aquí, la policía me llamaría a declarar y eso haría retrasar la búsqueda de su hija.

El hombre una vez fuera de la casa, por fin encendió el cigarrillo, acomodo su sombrero. Por ahora no tenia pista alguna sobre el paradero de Alice, pero alguien había estado en su casa, alguien lo suficiente torpe para dejar caer un jarrón. No aquel hombre no fue torpe, tenia prisa y además no había señales de haber forzado su entrada a la casa, el sabia lo que buscaba, y esto solo sucedió al siguiente día en que Alice desapareció. Termino su cigrrilo, ahora Henry tenia una pista y esa pista era el libro llamado Durwish, por alguna razón el pensó que este no seria el simple caso de una muchacha desaparecida.

Continuara... en El Secreto Durwish

Parte Final

Tomé a la chica, mientras sentí a los V-3 rodearnos, Adriana estaba en pie junto a ellos, nos apuntaban, no podríamos defendernos.
-Lo siento nena, el Inquisidor se fue, sólo estamos nosotros.- Dije sonriendo, buscando algo de humana simpatía.
-Tendré que conformarme con los premios menores entonces.
-Porque no silencias esa hermosa boca que tienes, si el virus anda suelto, tendremos que trabajar otra vez juntos, las cosas no serán sencillas. Además no te vas con las manos vacías, tienes a los traidores, has con ellos lo que quieras.
Comencé a caminar, no miré atrás, sabía que los V-3 aún nos apuntaban, aguja estaba sangrando demasiado, así que tan sólo dejé la escena, como un vaquero herido, entregado a cualquiera fuese mi destino.
No quise hablar con nadie sobre lo ocurrido, es decir previne a la Fundación todo lo que pude sobre el virus, su origen, incluso ya tienen un par de medidas para prevenirlo.
Lo interesante del caso fue todo lo que aprendí de mí mismo, dejé a tres personas para que fuesen usados por la Corporación, ¿eso me hace un villano? Puede ser, pero ellos no hubiesen dudado en aniquilarme de haber tenido la oportunidad. Recibí un halago del Inquisidor, lo cual no es malo, pero ya había descubierto mi plan, eso no habla muy bien de mi sigilo, ¿no?
Lo cierto es que estés es un tiempo para reflexiones, como pueden ver, nada es blanco o negro.
Es una tarde fría, pienso en Aguja, la chica debe estar bien ahora, también pienso en Baltazo, sé que es imposible que Adriana haya logrado retenerlo, Moloch arreglará a su títere, eso me asusta, cuando los malos hacen eso, los dejan más feos y terribles.
Agradezco su atención mis amigos, espero no haberlos aburrido, no se preocupen por ordenar, deja la cerveza ahí, Iliana mandará a alguien más tarde. Es hora de dejar la oficina, y ver que nos tiene la calle el día de hoy, no puede ser peor que estar atrapado con estos pensamientos.

Una Historia de Detectives

lunes 20 de octubre de 2008

0 comentarios  

La oficina ubicada en el tercer piso de aquel espantoso edificio; era reconocible por las palabras escritas en la puerta, Henry Mcgriff Detective Privado, era un detective de aquellos que solo se ven en las películas en blanco, de esos que usan gabardina y revolver, de aquellos que su oficina apesta a cigarrillo. El pobre hombre estaba cansado de seguir esposas infieles y su única compañía era un gato, no es que le gustaran los animales, simplemente era la recompensa de un viejo trabajo, no fue un caso difícil solo lo hizo por complacer a una niña que lloraba por a ver perdido su mascota, para descubrir que esta se había escondido para dar luz cuatro lindas crías, una de ellas era aquel gato que holgazaneaba en la oficina de aquel cansado detective.

-Bien Josh, parece que no habrá nada de acción para este fin de semana- dijo el hombre.
-Miauu-
-Es hora de ir a casa o es que acaso quieres quedarte aquí-
Aquel felino parecía entender las palabras de Henry, al mismo tiempo Henry parecía comprender los pensamientos de aquel animal, el tampoco tenia deseos de ir a casa. En eso el teléfono sonó.
-Bien Josh, no tengo interés en otro caso de infidelidad así que no pienso aceptarlo.
-Miauu.
-Bien, pero si me dice que tengo que seguir a su esposa lo rechazare- cogio el teléfono solo para oír de que se trataba.
-Henry Macgriff, el Detective Privado- la voz femenina, al otro lado de la linea lo tomo por sorpresa.
-Si, el mismo.- por un instante titubeo -¿En que puedo ayudarla?
-Le tengo un trabajo- la voz no era joven, pero aun asi sonaba extrañamente seductora.
-Entonces ha llamado al lugar correcto.
-Dirijase, al 115 de la calle Nordirg, trataremos el asunto en privado-
-Esta bien, en menos de una estaré ahí.
-Lo estaré esperando- la voz se apago seguido del sonido de que habían colgado el teléfono, el hizo lo mismo.
-Bueno Josh parece que tendremos un poco de acción para el fin de semana.
-Miauu.

Se deslizo hacia la salida, cogió su abrigo junto con su sombrero, el pequeño felino lo acompaño. Cerro la puerta, encendió un cigarrillo y se dirigió a las escaleras. Para cuando llegaron al coche el cigarrillo ya se había acabado, abrió la puerta para su acompañante antes de subirse al vehículo, una vez adentro reviso la guantera, así encontraba su otra compañera una Colt de esas que solo se ven en las películas Western. Hizo arrancar el automovil y se puso en marcha a su cita. La calle Nording pertenecía a la clase alta de la ciudad, para que una mujer de tan prestigiosa zona residencial lo necesiten solo podía significar que alguien estaba desaparecido o era algo en que la policía no se podía involucrar, quizás un secuestro. No fue difícil dar con la dirección, y la casa no era del todo discreta, estaciono el coche enfrente y se dirigió a la entrada abandonando a su compañero, pues no causaría una buena imagen. Llamo a la puerta, lo recibió una mujer de cabellera rubia, labios rojos, pero lo mas importante aquella voz embriagadora que había escuchado, le pertenecía a ella. Lo invito a pasar, lo guió al salón donde tomaron asiento.

-Hablare directamente- dijo la mujer. -Necesito que encuentre a mi hija-

Continuara... en Desaparecida

Parte Septima

Caminamos hacía el sitio donde se habían realizado los experimentos.
-Sabes, ustedes los de la Corporación están acostumbrados a jugar con los demás, me imagino lo que debe de molestarles que esta vez F.I.S.T o quien esté detrás de esto haya jugado con ustedes, de hecho, los haya usado.
-Sí, es molesto ser usado, y si sigues con esa línea de pensamiento sabrás lo que pasa cuando me molestan mucho,
Silencié mi boca, como hacen los hombres sabios.
-Es este el laboratorio, siento la presencia de una sombra fría y solitaria. – Dijo ella usando sus poderes de oscuridad, mismos que yo desconozco por completo.-Alguien nos observa.
-Muy bien dicho mi dulce hija de Aleph.- La voz venía del cielo mismo, sobre nuestras cabezas.-Coyote, quería conocerte, lamento las circunstancias.
Muy bien en ese momento las rodillas se me volvieron de cristal, era Petrov Ivanovich, estábamos en las ligas mayores, mi arma no me salvaría si es que quería combatir.
-Los tres hemos seguido la misma pista, se puede decir que hemos sido convocados.-Dijo poniendo una mano en el bolsillo de su abrigo, para sacar una hoja de papel amarillenta.-Alguien ha querido que preciemos su triunfo.
-Bueno, yo iba a decir eso. –Dije arrojando la cola de mi cigarro.- Mr. Inquisidor, creo que falta un actor en este juego.
-No, no falta, sólo fuiste muy ciego para no verlo. – Un movimiento de manos y Aguja aparecía de la sombras.
La chica nos estaba apuntando, dispuesta a eliminar a cualquiera que se entregara al Abismo, interesante, me hubiese disparado y esta historia se hubiese quedado sin héroe.
-Coyote tienes que cuidarte mejor de tus amigos.-Dijo Ivanovich.
-No, ella sólo esta cumpliendo su papel, como todos los demás, ahora es hora que nuestro anfitrión aparezca.
-Eso creo yo también.- Dijo Aguja pasando una bala en su fusil.
Un aplauso se escuchó venir de las sombras, frente a nosotros, Baltazo, y sus cuatro experimentos, cada uno representando a una facción diferente.
-Sé que esta intriga ya ha durado mucho.-Dijo el desgraciado.- Pero debo reconocer que han sido unos ratones muy interesantes de observar.
-¿Crees eso? Si hicieran una película, ¿quién sería yo? ¿Brad Pitt?
-Silencio, eres la única rata que no quise que jugara, pensé que alguien más interesante entraría de la Quimera; digamos que eres un invitado de piedra.
-Es una pena, a mi me hubiese gustado un villano que no tuviese problemas con su madre.
Baltazo se contenía, ¿estaba con esta charada diciendo adiós a su rol de Abismal?
-¿Qué juego es este Baltazo? – Dijo Ivanovich.- Realmente quieres morir.
-No basura mestiza, no moriré hoy. Verás Moloch y yo tenemos un plan, pero esta ejecución es mía. He librado una sepa de Calixto en el ambiente, muchos desviantes caerán bajo sus aspectos, la muerte de tantas voluntades atraerá a mi amo a esta realidad. Fundaremos nuestra propia facción, más allá de Abismo, más allá de la Entropía, crearemos un reino puro del mal.
-Eso no existe idiota, si Moloch regresa, el querrá al Abismo y tu terminarás en el limbo como muchos otros, ¿crees que él esta de acuerdo con reinar sobre un montón de desviantes muertos?- Dijo el inquisidor, ganando tiempo mientras acumulaba energía.
-Soy Baltazo, mi alto linaje ha de levantar las alas nuevamente, eres un vergüenza, un mestizo impuro.
Conforme las palabras de Baltazo se hacían más fuertes, las paredes se sacudían. Y sus seguidores avanzaban más hacía nosotros.
-Vamos hombre, soltaste un virus que nos matará a todos, ¿qué sentido tiene todo esto? – Dije tratando de ganar mi propio tiempo.
-¿Me hablas directamente a mí pequeña cosa impura?
-¿Hay algún otro idiota homicida en el público? No, entonces, sí, hablo contigo.
Brando se arrojó sobre mí, había terminado el momento de hablar. Riogiri se arrojó sobre su camarada Acracia, Espectrae era lo suficientemente fuerte para derribar a Petrov, pero Jezebeth no pudo con Adriana, después de todo ella había sido su mentor. ¿Cómo sé eso? Pues es mi trabajo saberlo.
Jezebeth en el suelo fue rodeada de extraños y blanquecinos espectros, lo mismo Espectrae cuando recibió la gran descarga de energía que el Inquisidor desató sobre él. Baltazo desataba entonces su furia, su primer golpe cayó sobre la espalda de Adriana quien se incrustaba contra la pared. Yo disparé contra Brando, ver caer a un amigo no me producía placer alguno, pero seguí disparando, pero mis balas parecían moscas molestas para Baltazo.
Me arrojé con todo sobre el idiota, pero me repelió con golpe sencillo. Maldición, era un maldito conejo peleando contra un oso.
Ahora Aguja lo intentaba y aunque desataba toda su fuerza contra el enorme enemigo, nada parecía afectarle. Dalma Rioigiri yacía caída junto a ella, sólo Petrov y Adriana estaban en pie frente a Baltazo. La chica concentró su poder en un arma a base de voluntad que usan los corporativos, la descarga iluminó nuestro entorno, pero nada pasó. Baltazo seguía en pie.
-Esto se ha puesto aburrido, ya no soy el mismo, Moloch me ha dado su fuerza, soy parte de su alma, se acabo tu actuación hija de la Corporación, únete a tus muertos.
Adriana volaba por los cielos, hasta atravesar el muro, era el tiempo del Inquisidor, lo mejor para el final, olviden que esta historia se trata de mí, y hagan de cuenta de que estamos viendo vuestra serial animada favorita, después de todo, todas tienen alguna escena así, así quizás puedan ponerse, al menos un poco, en mi lugar.
Ivanovich hizo que la temperatura de la habitación bajara al menos en quince grados, no parecía molesto, ni siquiera interesado en su enemigo.
-Eres un idiota Baltazo, has caído en los juegos de tu amo; él sí te dio ordenes de liberar el virus, pero estás estaban en tu débil mente, nada de los que haces ha sido realmente obra de tu ingenio, sabes, sigues siendo el mismo fracasado. La bestia quiere que el Consejo muestre su localización, quiere que intervenga en la lucha. Sabes, quizás sea interesante lo que has hecho, después de todo sólo los fuertes han de sobrevivir. Veremos que sucede, pero eso no cambia el hecho de que me has traicionado.
Baltazo permanecía en silencio, mientras yo hacía estas notas mentales.
-Sabes, eres un Abismal, quieras o no, y todos nosotros poseemos una carga de Entropía corriendo en nuestras venas, como pequeñas velas, es la energía que te hace ser tan fuerte Baltazo, a ti, a tu madre… ¿qué diría tu madre si te viera ahora? Bueno, el punto es que puedo hacer que esas llamitas se prendan y se apaguen a mi voluntad, la Entropía me escogió como su campeón, aún antes de que me nombraran como Inquisidor.
-No importa, no podrás quitarme mis poderes, están asegurados por Moloch y es tan poderoso como tú.
-Cierto, no te quitaré tus poderes, por tentador que esto sea, los duplicaré, de modo que tu cuerpo ya no pueda resistirlo, adiós Baltazo.
El cuerpo del idiota se sacudía y comenzaba a brillar con un fuego verde y depravado.
-Coyote. –Dijo el Inquisidor, trayéndome de regreso a la realidad.
-Dígame mister, se dio cuenta que buen team hacemos, si no tirará por los malos, podríamos ser amigos.
-Creo que me has usado, siempre supiste que sería Baltazo al final del camino, puedo leer confirmación de lo que digo en tu mente; dejaste que todos los actores jugáramos nuestro rol, sólo para ver que había al final, ¿qué dirá Lázaro de esto?
-¿Quién sabe? No soy adivino, ustedes los señores fantásticos pueden darse el lujo de serlo yo voy con los pequeños. Ahora que el virus está afuera, necesitarán más ayuda que nunca.
-Eres más fuerte de lo que crees Coyote, fue un gusto conocerte, espero que sobrevivas a la plaga, y si no, bueno, siempre puedo resucitarte como a uno de mis esclavos.
-No gracias, a este hombre se lo han de comer los gusanos.
Ivanovich desaparecía entre las tinieblas, mientras que Baltazo seguía quemándose en su pira infernal, ni siquiera era capaz de levantarse o gritar.
Aguja se veía mal herida, mi plan había funcionado, el mal había acabado con el mal, pero habían demasiadas bajas, y lo peor muchos habrían de morir aún.

Parte Sexta

domingo 19 de octubre de 2008

Dejé que la chica se reuniese con los suyos, Sombra es un chico fuerte, podrá protegerla mejor que yo, así que preferí sumergirme sólo en las sombras, lo que no sabía es que las cosas tomarían un matiz para el cual yo no estaba preparado.
El código en el brazo de Ixibal me condujo a un lugar muy interesante, una planta corporativa a las puertas de la ciudad. Según mis fuentes una fábrica de procesadores especiales, del tipo que llevan los V-3 en sus cabecitas locas. Como fuese, eso fue hace un año atrás porque ahora estaba abandonada, como muchos de los edificios civiles de la Corporación, por alguna razón el Avatar estaba cada día más preparado para el combate directo.
Como fuese entre en el abandonado edificio, las maquinarias formaban un bosque metálico, inerte, pero de una belleza extraña. Lo curioso era la ceniza que aparecía en el suelo. Algo había pasado acá, y no me iba a gustar.
-Pensé que no te vería más.- Dijo la familiar voz.
-Siempre se tiene una segunda oportunidad.
Frente a mis ojos Adriana San Patricio, sin sus V-3, sin sus defensas, entendí que estábamos para bien o para mal, en el mismo barco.
-Creo que estoy un poco perdido, quizás me puedas ayudar.
-¿Y tú amiga la terrorista?
-Pues debe estar tomando té con sus amigos, ahora dime que hacemos aquí.
-Pues igual que tú, mi querido Coyote, seguí las pistas que encontré. Un código, es una vieja fórmula, son el código de un grupo experimental, cada uno de ellos miembro de una facción distinta, Jezebeth de Corporación, Brando D’Alligeri de Quimera, Dalma Riogiri de Acracia y un Abismal llamado Espectrae. Todos ellos habrían sido por una razón expuestos al virus. La razón la desconozco.
-Yo empiezo a verla.
-¿Compartirás tus secretos conmigo?
-Nena, tendrás que darme mucho más que esos datos si quieres conocer mis deducciones.-Encendí un cigarro, me sentía en una encrucijada, pero me agradó mucho eso de tener a la Corporación conmigo.- Dime Adriana, ¿qué tanto sabe Aleph de esto?
-No mucho más que nosotros.
-Bien.

Parte Quinta

sábado 18 de octubre de 2008

Las cosas eran tan simples como sumar dos más dos. No habían pozos oscuros en esta investigación, F.I.S.T ya no tiene el virus. Sabemos que Petrov mató al alemán para obtener algo de información, cuando entré en el cuarto del viejo ya no había mucho, él no es mi sospechoso, Acracia está más enredada que yo, y eso es complicado estos días. Moloch, ese nombre sigue sonando en mi cabeza, sé que es él. Y en mis narices siento el aliento de Baltazo, ¿podrá estar tan loco como para liberar un virus que también destruiría su imperio? La respuesta a esa pregunta me da escalofríos, ¿por qué los grandes jugadores no se dan cuenta? Esto es digno trabajo para un héroe como Eric, ¿no creen? En fin, si me seguía quejando no encontraría mis respuestas.
-Tengo información – dijo mi ángel.
-Muy bien.
-Un hombre, o lo que queda de él, llamado Ixibal fue objeto del experimento del nuevo Calixto.
-¿Y sobrevivió?
-No exactamente.
La dejé conducir, puedo ser muchas cosas, pero piloto no es una de ellas. El camino era tranquilo, cubierto de grandes árboles, que en esta época comenzaban a ponerse de ese café amarillo que tanto alucina a los más sensibles. Nuestro destino era el centro psiquiátrico y neurológico de la universidad de San Marcos. Un informante de Acracia había localizado al pobre diablo que fue víctima del nuevo virus.
Mientras gotas tímidas comenzaban a engrasar el suelo a nuestro alrededor, llegábamos a la universidad. El edificio era un gran bloque de oscuro concreto, digna construcción de un tiempo más sobrio. Los pasillos eran fríos, pero no era sólo la sombra y la absoluta falta del astro rey, había un frío tan profundo que podía romperte el corazón. Podía sentir millones de pensamientos confusos. Los habitantes de un manicomio son más interesantes que cualquier programa de conversación a media noche, pero ambos tienen algo en común, están lejos de la realidad. Como sea, fuimos recibidos por un joven pero calvo doctor, dejé que la chica hiciera las negociaciones.
-Doctor Silva, sabe a lo que vengo, no es necesario que hablemos de más.
-Así es, por favor sigan por el pasillo, hasta la habitación con sello verde, podrán hablar con él, pero si se agita, deberán llamar al ordenanza.
Ella sólo asintió, caminamos por un pasillo salido de una película de horror, no entendía como nos habían dejado pasar tan sencillamente, o como era posible que el sobreviviente de Calixto estuviese bajo cuidados humanos.
-Deja de hacerte preguntas. – Dijo ella. – El buen doctor era un Acolito del Abismo. Nosotros le liberamos y ha cambio nos hace un pequeño favor… el hizo los arreglos para darnos esta excelente muestra en vida.
-Y me dicen manipulador a mí…
En la pieza el pobre despojo humano estaba atado con una camisa de fuerza, su piel estaba escamada y era blanquecina. Sus ojos brillaban con una luz verde poco natural. Sus dientes eran un gran pozo séptico que nos sonreía, aún había algo humano en él, pero claramente estaba en retirada.
-Tu nombre. Dime tu nombre.- Increpó ella.
-Ixibal, soy un Seeker del Abismo.
-No, eso eras antes de Calixto. Dime quien estuvo experimentando contigo.
Dejé que ella siguiera preguntando, pude ver en los brazos de la criatura un código, lo dejé grabado en mi celular, luego mi cabeza regresó al interrogatorio.
-Calixto apareció frente a mí, me lo dio un ángel de la misericordia, ahora entiendo la razón de la vida. – Siguió balbuceando.- Soy un mensajero.
-El virus destruyó su mente, pero fue neutralizado por su cuerpo abismal, quizás la entropía destruyó las nanosondas del virus. – Dijo ella buscando sus razones en la lógica.
-No creo, quien lo envenenó quiso dejarlo con vida para que lo viéramos, para que siguiéramos la pista, están jugado con nosotros. Y comienzo a darme cuenta de que las cosas son más feas.
-¡Explícate!
-Pregúntale a él, dinos tu mensaje Ixibal.
-Dice, “muy pronto estaremos juntos”.
En ese momento el pobre ser se desplomó, su miseria había terminado, pero la nuestra recién comenzaba.